En los jardines de la campiña y de la costa las palmeras son casi obligatorias, y con los años acumulan hojas secas, racimos y restos que pesan, ensucian y pueden caer con el viento.
Los árboles del jardín también piden poda: para que no invadan la casa del vecino, no rocen la fachada y dejen pasar la luz donde hace falta.